martes, 14 de junio de 2011






Se llama Juan.



Es barrendero.



Barrio de Boedo.



La cuadra que reconoce su esfuerzo muestra el estado de la misma.



Es la más limpia de la ciudad!



Los días de paro, Juan se ha hecho presente y ha recogido sin que nadie le diga las bolsas que se encontraban sobre esa calle que es su responsabilidad mantenerla limpia.






Hoy el día del barrendero, los vecinos de la cuadra junto con el representante del municipio, se han hecho presentes en el horario en el que Juan está trabajando y le han rendido un homenaje, y con gran cariños le han brindado un regalo.






Cómo me reconforta que hoy en día se encuentren personas que dignifican su trabajo y que lo realizan con amor!






Felicidades en tu día Juan.



Felicidades en el día del Barrendero, a todos los juanes del mundo!

sábado, 4 de junio de 2011

Pregunta y espera....


¡Se puede llorar sobre la ignorancia del mundo?_ ella se pregunta.
¡Su plena ignorancia de lo bueno, lo bello, lo libre, lo sencillo, lo amable, lo amado?


¿Se puede llorar sobre un mundo que tiene sus cuencas vacías?
¿Quién le arrancó sus pupilas?

¿Quién le ha vuelto insensible para los amores?

¡Tiene la boca seca, sin besos ni sonrisas se ha quedado!

Entonces ella, desnuda, se tiende a esperar, lo que siempre espera y no olvida.
¿Qué espera que llegue?
¡Que llegue el amado! Que él traiga sus manos con rosas y la vida del profundo mar en su mirada.

Dime: ¿Qué sabes de él , eternidad bendita!
¿Su nombre?
¡Ricardo!
Ese es el nombre que cuando tú olvides, lo encontrarás en mi corazón impreso.
En mi corazón que nunca olvida...

viernes, 3 de junio de 2011

Invadida...

Dascha Friedlová-










Se apoyó en el muro y descansó un tanto de tanto andar por el camino sinuoso.










Suspiró y sintió que un muro de luz y de ángeles le rodeaba y se sintió protegida.










El miedo se alejó y pudo lograr apaciguar su alma.










Y muchos rostros la rodearon.





Y sintió frío y calor.





Aromas muy variadas la conmovieron.





La inundó el olor a la canela que cubría el plato de arroz con leche de su infancia.





La embriagó el inconfundible aroma de su valija del colegio con sus lápices de colores, la goma de "miga", los cuadernos y el olor a la tinta de su libro nuevo.





El aroma a glicinas del patio del Normal n*7 y junto a eso el perfume penetrante del frasco que a su hermana se le había estrellado en el piso de la habitación de soltera, todos esos recuerdos le impactaron el alma.










Y giraban los colores y se superponían las sensaciones, pero lo que más le perturbaba era el sinfin de rostros que giraban en su entorno.










De pronto, llegó la quietud y ella descansando en todo, logró la paz después de la tormenta.





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