domingo, 31 de julio de 2011

Jacinto Araúz y Un Corazón!

















Allí!

En Jacinto Arauz!


Hecho tierra, humus, pasto y grano....

Tal vez ya asomándose cada año en las flores de los lapachos....

Mirando con la luz de sus atardeceres...

Cantando en los trinos de las calandrias...

Meciéndose al compás de los pastos y trigales...

Se encuentra El Corazón más grande, más humilde, más generoso, el más querido ... El Corazón del doctor René Favaloro.

¡Suerte grande la de ese pueblo!


Le digo suerte porque allí se desarrolló en sus múltiples tareas y con todo su amor y su inteligencia, el gran destino médico del Doctor Favaloro.


¡Le digo suerte del pueblo, porque fue el lugar más amado en todo el planeta por semejante persona!


Doctor Favaloro, el que tuvo lo que hay que tener, más allá de la inteligencia y la voluntad: Amor por la Gente, descansa en ese pueblo maravilloso de Jacinto Arauz, hecho una misma cosa sus cenizas y la tierra.


Dijo en una oportunidad que a punto de morir a causa de una hepatitis B, lo que más le dolía era no volver a ver los atardeceres en su campo, no volver a escuchar a las calandrias y no poder disfrutar de los jacarandás y los lapachos florecidos.


Ahora él y todo eso son una sola cosa: campo, trino, árbol, flor y luz!


Amado y recordado por siempre: René Favaloro, el médico que siendo Genio dijo a todos los que le sucedían en sus tareas:



"Nunca dejen la clínica antigua. Nunca dejen de palpar el cuerpo, de escuchar y conversar con el paciente."




¿Será posible que los médicos de estos tiempos escucharan nuevamente este consejo?


Deberían tenerlo escrito en grandes letras y enmarcado en el consultorio para que cada vez que levanten la vista, recuerden al "Gran Doctor y su maravilloso Consejo".



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