sábado, 27 de marzo de 2010

Poder ver....


Hace muchos años, cuando todavía tenía una madre para cuidar y dos hijos que apenas estaban cursando la adolescencia, comenzaron mis molestias en los ojos: Dolor! Poca visión!....
Cuando recurrí al especialista me completó los estudios con una audiometría y luego muy seriamente me dijo:
- "Mire señora, yo no se cómo darle la noticia... pues creo que usted padece el Sindrome de Usher"...
No me inquieté en lo absoluto porque no conocía el significado de dicho diagnóstico. Pero mi curiosidad hizo que le solicitase mayores explicaciones.
-Dígame doctor,¿ de qué se trata?
- Luego vino una detallada explicación de lo que me quedaron dos cosas:
* Se llega a la ceguera y a la sordera. A la par "ciega y sorda" .y con algunos agregados que podrían acompañar.
* Me pidió que en caso de confirmación se lo comunicara porque eran pocos los casos que tienen durante el ejercicio de su carrera...- "es más bien un caso de ver en los libros".- acotó.
Salí a la calle tranquila pero cuando el viento sacudió mi pelo y refrescó mi rostro sentí que no por el punzar de mis ojos debía recostarme sobre la pared sino por un intenso mareo...
Pensé: Si eso es verdad, es peor que estar en el infierno.¡Silencio y oscuridad? ¡No! ¡No lo podría soportar!.... Me horrorizó y traté de tranquilizarme y comenzar a enfrentarme con dicho diagnóstico...
Resumiendo: seguí buscando , los médicos no se ponían de acuerdo y todo en un punto se paró... no siguió avanzando y aquí estoy... un poco sorda, un poco corta de vista... pero disfrutando del día a día... pasaron como 10 años más o menos y a partir de ello cambió mi forma de enfocar mi mirada y prestar atención a los sonidos.
Pensé en todo lo que la gente no me describiría porque no tendría noticias de que allí estaba.
Entonces descubrí lo importante de mirar los detalles como cuando cruzo el paso a nivel.
. Descubrí la belleza del riel brillante y terso.
. Descubrí el pasto de entre los durmientes, como ramilletes dispersos en distintos tonos de verde,
. Los durmientes ásperos, fuertes, todos parejos como teclas de un piano, con su color matizado entre rojo y chocolate....Sí! parecían bloques de chocolate para taza!
. Por el costado, entre lo que antes para mi eran pastizales que acompañaban en su trayecto a las vías, había pequeñas flores amarillas, blancas y azules. Que aunque duran poco tiempo son increíblemente bellas a la vista.
. Y también estaba el molinete de la estación... antiquísimo, gastado justo en el medio de sus aspas de tanto tocar las manos de la gente... y mientras le acaricio recuerdo la historia del niño que jugando con sus tres añitos apenas, se colgó y cayendo se desnucó dejando solo y llorando a su hermano gemelo. (era el tío de mi marido).
Y el oído!? Recibir todos los sonidos separadamente:
. El traqueteo desparejo aunque rítmico del tren...
. Las voces de dos niños que juegan a ver quién tiene la última palabra...
. El llamar de una joven a su amiga tratando de alcanzar el tren...
. El sonar de mis zuecos sobre el camino del andén...
. La risa de unos ancianos recordando historias...
. El chocar del follaje contra las chapas del techo del quiosco de diarios...
. El fru fru del raspar de la tela de un jean nuevo entre la entrepierna de la mujer que pasa presurosa hacia la boletería..
. El ladrido de los perros que juega en la plaza contínua.
. El chirriar de las cadenas de las hamacas.
. El aleteo de las palomas.
¡Si! Todo tiene mucha importancia para mi, sobre todo las pequeñas cosas que otros no miran ni escuchan con detenimiento.
¡Cómo disfruto de los colores!... de los brillantes que me dan alegría y de los pasteles y sepias que imprimen en mi espíritu una tranquilidad imposible de describir.
Me gustaría poder contarles cómo y cuánto me asombra cuando vuelco el corazón del tomate fínamente picado para hacer una salsa... O cuando voy colocando en la fuente distintos tonos y texturas de hojas y frutos para compaginar una sinfonía para degustar... fresca, crujiente, llamativa.
La tersura de la piel del pollo cuando la aparto de su carne suave y pálida... o cuando separo la grasa en largas longas antes de asar la carne... Todo para mi es disfrutable!
Por eso será que dicen que nadie sabe todo lo que tiene para ser feliz hasta que lo pierde.
Yo comencé a disfrutar de mi vista y mi oído, cuando estuve a punto de perderlos.
Traten de dedicar un poco de su tiempo cuando caminan o cuando simplemente hojean una revista para comparar tersuras, colores, aromas y cuando más pequeñas sean las áreas a explorar más interesante será el mundo que descubran.
Para cada una de las funciones de nuestro cuerpo vale lo mismo.
Así es de igualmente bueno el dar gracias cada mañana y cada noche por todo lo que tenemos o nos queda... para seguir disfrutando del mundo que nos rodea.
¡Vivir la vida! ¡La Bella Vida!
Pero siempre en un contínuo presente.

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