sábado, 8 de mayo de 2010

EL ULTIMO CAFÉ.

Cuento dedicado a mi querida María (amigahermanamía).... a quien le gusta entrar a tomar aunque sea un te verde, sola o en compañía...
.


Cansada de recorrer la Avenida, y como todavía la mañana me acompañaba, resolví que lo mejor era entrar a pasar un rato al menos tomando un rico café en la cafetería que tenía frente a mi.

Cuando traspuse la entrada comprobé que muchos otros porteños del Barrio Norte habían decidido pasarlo de la misma manera. Muchos conversando, otros fumando en un sector destinado a tal fin , algunos hojeando el diario.

Busqué un lugar tranquilo, lejos de la puerta, justo detrás de unos arreglos con plantas de distintos tonos y alturas.

Desde allí hice lo que mejor me entretiene cuando quiero pasar tiempo sin hacer nada...jugar a "Quién será y qué le pasa?!"....

Busqué el personaje a tomar para el juego y todos me parecían tan obvios que en cuanto les miraba inmediatamente lo descartaba.

Cuando mi pesquisa ya volvía a su lugar de inicio: mi mesa y mi café... se detuvo en una mínima ranura entre la pared y el muro de macetones y plantas que me aislaban de la mirada de cualquiera de los allí presentes...

Y allí se fue deslizando muy junto a la pared y por el reflejo del espejo del otro compartimiento, podía enfocar dos manos juntas, las de un hombre joven y las de una mujer de hermosas y cuidadas uñas.

Aguzando el oído, podía percibir la voz angustiada y casi quebrada del varón, que sonaba como pidiendo perdón o confesando algo terrible...
Luego le seguía unos susurros y suspiros femeninos, mientras las manos se acariciaban, se encimaban, se sujetaban....

Entre los tonos, los suspiros, los silencios, y las manos que se buscaban en la confesión y el consuelo.... siguiendo el juego dije:
- Son dos amantes
- El le reclama a ella el poco tiempo que le brinda y le pide verle más.
- Ella le dice que no puede ser, que mejor es olvidarse de esa pasión que les enloquece.
- Él se traga las lágrimas de dolor y sigue pidiéndole una y otra vez que no le deje, que no puede ya vivir sin ella.
- Ella trata de contener su dolor y después de largos silencios, reanuda con voz angustiada pero llena de dulzura, tratando de calmar en lo posible su desesperación.
... Sí me dije son amantes que deben separarse.

Pasé espiando y jugando, casi media hora y dos cafés....

Hasta que las manos desaparecieron... detrás de las plantas y se notó la agitación de quienes se están colocando sus abrigos listos para retirarse.....

Me levanté como un resorte... salí de mi posición y gané el centro del salón . Allí les . Ya iban ganando el pasillo central hacia l apuerta de salida. Pasaron junto a mi y pude observarles a mi gusto.

Ella con el cabello recogido, pequeña, bien arreglada, con un abrigo amplio y negro que le cubría hasta el borde de las botas que también eran negras, lustrosas y de tacón bajo.
El de traje gris, bien peinado hacia atrás, típico elegante de la zona

Y me di cuenta al mirar el brazo que quedaba libre y al alcance de mi mirada, que había perdido el juego...
El joven llevaba una cinta negra de luto riguroso, y el negro abrigo y demás que vestía la señora no era por moda sino por luto.... Además las edades eran más o menos: ella 55 y él 35...

Por el parecido... (seguí jugando una segunda oportunidad) pueden ser madre e hijo.... pero quién habrá muerto?....

El juego quedó inconcluso y los susurros de los amantes se habían transformado en susurros de dolor y de consuelo....entre madre e hijo.

- A veces se pierde, verdad?



Volví sobre las imágenes y me increpé: ¡Cómo no me di cuenta de la diferencia de edad entre esas manos?
Y pronto salió la disculpa..."Las manos de ellas estaban muy cuidadas y eran manos que jamás han realizado trabajo rudo..." traté de consolarme en esa excusa tan tonta como mi juego"

En fin... volví a mi mesa y tomé ...... "El último café"....

3 comentarios:

JanuskieZ dijo...

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. dijo...

Hermoso texto amiga, gracias por dedicarlo a esta pobre caminante...

abrazos

chabela dijo...

Querida amiga: No tengo nada para enviarte en la distancia... solamente olas de afecto y algún cuento.
Ya cambiarán las cosas y conversaremos largo y tendido.
Te espero pronto en la Casa.
Abrazos

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