sábado, 6 de febrero de 2010

El hilo rojo.


La niña me mira a través del hilo rojo.
Me atrapa.
La tomo y la traigo hasta aquí.
Pertenece a Ciudad - real - Kadin.es (imagen 79656)
Me contaron que en todos los cabos de la Marina Inglesa, no importa el destino ni uso que tengan, si uno les corta, notará que en su centro los recorre un hilo rojo.

Ese hilo rojo si tenemos conciencia y paciencia para buscar en nuestra vida, nuestras tareas, nuestras creaciones, nuestros escritos o poemas, le hallaremos sin lugar a dudas.

Ese hilo rojo es lo que recorre toda historia.
Es el que está centrado en toda la médula de la columna de nuestra vida.

Es un buen ejercicio para realizar.

Yo lo he realizado varias veces y he notado que en las distintas instancias de mi vida, sean victorias o fracasos… alegría o tristezas… todas me llevan a una niña que con su corta edad parecía beberse la vida a tragos grandes hasta ahogarse por momentos y siempre buscando la aprobación y el amor de los que le rodeaban.
Cometiendo muchos fracasos que casi siempre eran desastres que, por lo que ella sentía, no quedaban en el círculo íntimo sino que trascendía al barrio y los conocidos que lo conformaban… con una auto-estima bajísima, con terrores nocturnos que nadie consolaba, con una soledad que si alguien se asomaba a sus ojos se hubiese aterrorizado… esa niña está siempre allí.
Siempre que ocurre algo en mi vida está esa niña que es el verdadero hilo rojo que sigue toda mi vida.
Tan importante!
Ella me enseñó a ser fuerte. A sobrellevar las vergüenzas de los fracasos tratando de ver la forma de transformarlas en algo bueno que cubriera su sensación de terrible “ vida inservible” que ella llevaba y conformaba.
La sensación de fracaso de esa niña, fue la que cada vez que caía me tendía la cuerda en la que estaba el hilo rojo que me recordaba quién era y a dónde debía y quería llegar.
Fue la que me guió en el mar embravecido de la vida y que alguna vez que llegué a buen puerto me estaba esperando sonriente y orgullosa de lo que había logrado esta, la que cumplió años por fuera pero que por dentro era habitada por la niña delgada, morena, de aspecto poco agraciado y con pocas luces…. pero con gran capacidad de demostrar afecto, de alargar las manos para la ayuda, la boca dispuesta a la sonrisa , a la palabra de consuelo o al chiste ingenioso.
En verdad ese hilo rojo, que acompaña mi vida fue lo suficientemente fuerte y visible para que nunca perdiera el rumbo por mucho trayecto… siempre está allí.
Ahora que los años sumaron historias y dolores, también me ayuda a recordar los triunfos y alegrías y compartirlas con otros.

Ese hilo rojo es el que exaltó Dios para que junto a Su Palabra pudiese hacer posible hallar el camino que me tenían dispuesto.
Ese hilo rojo es la unidad de base que une a una obra literaria… como la que realiza una poeta.
Ese hilo rojo se lo encuentra en la raíz que acompaña a toda nuestra vida.
Ese hilo es lo que cuando una persona compone le hace poner más de lo que ella supone y tal vez el que le lee o mira descubre.
Es lo que hace que una serie de poemas sea toda una obra y no un conjunto de versos que los une una encuadernación.
Es una buena tarea descubrir el hilo rojo que acompaña nuestra vida y nuestra obra…
Porque siempre hay un poder que lleva al que comienza un escrito, que a partir de una palabra llegue a componer un poema. Y ese poder reside en seguir el hilo rojo…
Les quiero!.
....."Cuando un bebé nace, unos hilos rojos invisibles salen de su espíritu y conectan con todas las personas que entrarán en su vida. A medida que el bebé crece, los hilos se van acortando, acercando cada vez más a aquellas personas que están destinadas a reunirse a pesar del tiempo, del lugar o de la circunstancias. El hilo puede tensarse o enredarse pero nunca romperse."
Buscando el cuento completo llegue a lo que coloco en capítulo aparte.

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