domingo, 28 de febrero de 2010

EL QUE QUIERE ENTENDER QUE ENTIENDA....



Muchas pintadas o grafitis valen mucho más que los discursos grandilocuentes.


Pero una sucesión de palabras bien coordinadas que reflejen la verdad del pensamiento, despiertan a los dormidos y les enseña a tener decisiones en libertad.


Por eso cuando María me alcanzó amablemente el siguiente texto, no dudé en colocarlo en el blog.

Muy claro, sintético, preciso.... sencillo de entender!


Así que a continuación colocaré su copia.


*****
La servidumbre voluntaria
Juan José Hoyos Publicado el 28 de febrero de 2010

¿Por qué los hombres nos olvidamos de la libertad y escogemos a cambio la servidumbre? Esto se preguntaba Étienne de La Boétie, un escritor francés del siglo XVI que detestaba las cadenas y despreciaba a los tiranos. Suyo es este verso que llevo apuntado en mi libreta y en mi alma: "Hasta los bueyes gimen bajo el yugo, y los pájaros se quejan en la jaula".

Él fue el inspirador de algunos de los más célebres ensayos de Michel De Montaigne, su amigo, en cuyos brazos murió en 1563, enfermo de peste, a la edad de 33 años. A los dieciocho años de edad escribió un libro memorable que tituló " Discurso de la servidumbre voluntaria o el Contra uno ". En sus páginas sostuvo que, con frecuencia, los hombres perdemos nuestra libertad por ser engañados, pero sobre todo engañados por nosotros mismos. Debo su lectura a la generosidad de Álvaro Lobo y a su Editorial Pi, un proyecto singular que publica libros para pensar, no para vender, y que ha rescatado para nosotros lecturas irremplazables sobre la dignidad del hombre, el arte y la moral, la libertad y la ética, la religión y la estupidez humanas.

"Una vez perdida la libertad, todos los males llegan uno tras otro, y sin ella todos los demás bienes, corrompidos por la servidumbre, pierden todo su gusto y sabor", dice el escritor, fastidiado de ver cómo pueblos como el suyo, oprimido sin piedad por la nobleza, una vez que se encuentran sometidos, caen en un olvido tan profundo de su libertad que les resulta imposible despertar para reconquistarla. De ellos sostiene que "sirven tan bien y tan voluntariamente que se diría que no sólo han perdido su libertad sino que han ganado su servidumbre".

De la Boétie gastó su vida tratando de comprender cómo tantos hombres, ciudades y naciones de la Europa de su tiempo soportaban a veces a un único tirano que no tenía más poder que el que ellos le daban, y que sólo podía perjudicarles porque ellos lo aguantaban. Desde que leí su ensayo, tengo párrafos enteros subrayados: "Resulta cosa verdaderamente sorprendente, aunque sea tan común que más cabe gemir que asombrarse, ver a un millón de hombres miserablemente esclavizados, con la cabeza bajo el yugo, no porque estén sometidos por una fuerza mayor sino porque han sido fascinados, embrujados podríamos decir, por el nombre de uno solo, al que no deberían temer, ya que sólo es uno, ni amar, ya que es inhumano y cruel con ellos. Sin embargo, esta es la debilidad de los hombres: forzados a la obediencia, obligados a someterse? Son pues los pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen maltratar, ya que para librarse de ello bastaría con que dejasen de servir. Es el pueblo quien se esclaviza y se degüella a sí mismo; quien, pudiendo escoger entre estar sometido o ser libre, rechaza la libertad y admite el yugo; quien consiente su propio mal, o, más bien, lo busca...".

De La Boétie advertía a sus conciudadanos: "El tirano sólo tiene de más aquello que vosotros le dais para que os destruya. ¿De dónde saca todos esos ojos que os espían, sino de vosotros mismos? ¿Cómo tendría todas esas manos que os golpean, sino os las tomase en préstamo? Los pies con que pisotea vuestras ciudades, ¿no son vuestros? ¿Qué poder tiene sobre vosotros, salvo a vosotros mismos? ¿Cómo se atrevería a agrediros si no fuese porque lo hace de acuerdo con vosotros? ¿Qué mal podría haceros si no fueseis los encubridores del ladrón que os roba, los cómplices del asesino que os mata, los traidores de vosotros mismos?". También les decía: "Quienes defienden a un tirano no son los hombres de caballería o infantería, ni las armas, sino cuatro o cinco hombres que le sostienen y someten ante él a todo el país. Puede ser difícil de creer, pero es la exacta verdad. Siempre ha sido así: cinco o seis hombres a los que el tirano escucha, llegados hasta él por su propia voluntad o porque él los ha llamado, para ser los cómplices de sus crueldades y los beneficiarios de sus rapiñas".

Me parecen sabias las palabras de la escritora Wendy McElroy, investigadora de El Instituto Independiente, en un bello ensayo sobre La Boétie: los hombres deberíamos rechazar tanto la violencia como la sumisión. Simplemente deberíamos decir no. En esa palabra yace la libertad.


Saquemos nuestros pensamientos de la jaula en la que lo dejamos estar y comencemos a aprender a decidir en libertad!
Comencemos por aprender a decir NO.
Ya creo que tenemos la edad suficiente para ello.
EL QUE QUIERA ENTENDER QUE ENTIENDA...
Anímense que se puede!

.


No hay comentarios:

Mapa nuevo