miércoles, 23 de marzo de 2011


Entré desprevenida...
No esperaba ese impacto...
Se abrió la puerta y apareció ella, la misma que con astucia suma desbarató la familia.
Mi sangre se heló y quise escapar pero no pude.
Con voz tenue le informé:
-"Mis venas son difíciles..."
Ella (con el mismo tono de la ya mencionada) me dijo de mala forma, mientras esgrimía una jeringa a la que le colocaba una aguja bien gruesa:
-"Usted cierre la mano y listo!..."
Inútil escapar, me dije. Respiré hondo y penetró la aguja....
En silencio esperé...
No pasa nada...
Hasta que comenzó a mover la aguja una y otra vez buscando dentro....
Primero dije... -"Duele!"
Luego le pedí..."Busque ayuda!"....
Vi a mi querida Victoria, primero joven y luego seca esperando morir en una silla.
Vi al discutido en su momento entre dos. También ya muerto!
Caían y se levantaban mil imágenes.
Se abrían y se cerraban situaciones inconclusas, pero todas traumáticas.
Todas ellas entre paréntesis, como paredes curvas logradas por un ojo mosca que las estiraba y las encerraba.
Y luego... olor a alcohol....
"Y se asomó la muerte y tenía tus ojos." *
*Paráfrasis de versos de Cesare Pavese

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