sábado, 8 de noviembre de 2008

OTRO MURAL- Otra historia?

Recuerden que la finca del Señor Botana , fue demolida por su comprador oportuno "Mendizábal" para sacar de sus entrañas, por secciones el mural de Siqueiros: Ejercicio Plástico.

Pero aquí encontré buscado en la Biblioteca más maravillosa del mundo: Internet... un escrito que traslado a continuación.

Pero no teman... luego no me "engancharé "a pasarles nuevas historias de misterios y romances... aunque tengo ganas .

A ver: para sacar un mural de un sótano hay que demoler la casa y así ocurre. No queda nada. ¿No queda nada? En un garaje de su casa, Mendizábal tiene guardadas unas cajas con escombros: es otro mural de la quinta "Los Granados", de Natalio Botana y Salvadora Medina Onrubia.
Claro, claro: no hay un muralista famoso ni un dream team de artistas plásticos detrás de este mural: se trata de una composición hecha en azulejos, firmada "Ramos Rejano": una importantísima fábrica de azulejos de Sevilla, responsable de la decoración de casas de Gobierno e iglesias en Europa y América y de un mural en el Teatro Cervantes de Buenos Aires.

La historia del mural de Siqueiros es complicada: Mendizábal se presentó en quiebra y dice haber vendido ese mural a una sociedad anónima uruguaya que, según sus acreedores, en realidad es de él. Por eso, aunque es codiciado por más de un museo y fue declarado Bien Histórico Artístico Nacional, el mural sigue desmontado, en un depósito.

Mientras esto ocurría, el mural de Ramos Rejano —todavía no se sabe quién es el autor del dibujo— seguía guardado.
Hasta que Mendizábal decidió escribir un libro con el arqueólogo Daniel Schavelzon y un día él y su mujer, la restauradora Patricia Frazzi, fueron a su casa y como quien no quiere la cosa,

"Ah, ahí tengo unas cajas..."Patricia Frazzi habla de esto y las palabras se le apelotonan en la boca. Ahora tiene las cajas ahí, en su mesa de trabajo del Centro de Arqueología Urbana, en la Facultad de Arquitectura. Azulejos sacados con una amoladora que no siempre le pega a la línea recta, todavía con restos de material detrás.
Y, sobre todo, un rompecabezas: ¿cómo era ese mural, cuántas piezas faltan, dónde sigue esta línea curva?
La ficha técnica dice que el mural tenía unos 8 metros de largo por 1,60 de ancho.
En total, unos 756 azulejos, de los cuales 450 están enteros, algunos están partidos y ¿cuántos faltaban?Con indicios, con fotos viejas, con libros, Patricia y su "socia" Andrea Caula, tuvieron que entender de qué se trataba este mural:

"Es un motivo épico correspondiente a una batalla de Jaime I, El Conquistador, rey de Valencia, contra los moros. Eso pasa entre los años 1228 y 1232", cuenta Frazzi.¿Por qué Botana mandaría hacer semejante cosa para su casa? La clave no es Natalio, la clave es Salvadora.

"Ella mandaba traer todo, hasta el paragüero de Sevilla: más que un gusto era una obsesión por lo español", dice Frazzi.

Daniel Schavelzon aporta: "Un día, en enero de 1928, Salvadora se enojó con su hijo Pitón y le dijo a los gritos que no era hijo de Botana, algo que era cierto. El chico agarró un revólver y se mató.
Después de eso, los Botana decidieron hacer un viaje.
Salvadora tomaba whisky y heroína y comenzaba a tener contactos extrasensoriales con sus antepasados españoles, que con los meses se fueron transformando en nobles.
En Sevilla encargó el mural. Quería algo que mostrara la Reconquista y a sus antepasados míticos.
Este era el mural de ella, el de Botana era el del sótano".
Por ahora, el trabajo se hace a pulmón y con voluntarios, aunque ya hay gente en España buscando fondos para llevar adelante la restauración.
Si todo sale bien, a fin de año quieren mostrarlo, junto con otras cosas de esa casa histórica que se hizo pedazos.

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