viernes, 1 de enero de 2010

Terminó la invitación!




Hoy ya es primero de año!

Terminó la fiesta!

También terminó el sueño que cual cenicienta viven muchas abuelas/os...


Se escucha decir a algunas de mis vecinas, con gran orgullo, como que se ganaron el cielo lo siguiente:


"Una de las fiestas la viejita la pasa en mi casa!!!"


Deberían ser más específicas y decir:


"Una de las fiestas, una vez al año, y por lo que dura la noche, muchas veces... la vieja la pasa en mi casa"


Y yo las miro y callo.


Porque una vez al año, disfrazan a la abuela cual cenicienta, con lo mejor que tiene y la "invitan" a particiar de la Cena de Fin de Año.

Tal vez la anciana entre a la que fue su casa, coma en los que eran sus platos y cubiertos que guardó para lucir en "las fiestas", le hagan comer lo que comen todos (y que a ella le hace mal),
la acomoden en un rincón y si es posible cerca del baño para que no de trabajo ni interrumpa la circulación de todos los invitados...


Y en cuanto pasa la hora del brindis... la frase que siempre le repiten: "vamos vieja... te llevo de vuelta antes de que el tránsito se ponga pesado o salgan los borrachos . Yo no quiero que te pase nada!"...


Y prontito, prontito, de vuelta al geriátrico. Se despiden y ella sonríe en silencio! Siempre en silencio... no le permiten hablar ni los del geriátrico ni sus hijos quieren oirla!


Y vuelven a la fiesta con el alivio del deber cumplido.


Los más generosos, como mis vecinos, la despacharon por la mañana en cuanto se levantaron...

Esos si que son unos hijos de aquéllos....

Cumplen todos los años con la salida sagrada de su madre, mientras esté viva...


Qué dolorosa es la vejez...


Ahora es así.

Porque los de mi generación y los de las anteriores, cuidábamos de nuestros ancianos.

Yo cuidé a mi madre con suma dedicación.

Llegó el momento en que me llamaba ella a mi "mamá" y yo le tejía sus sacos para que sean livianos y cálidos, le arreglaba su ropa, le hacía su papilla y se la daba en la boca.... hasta llegar a los pañales y el baño....

Ella, mi madre, estuvo en mi casa y nunca quedó relegada a un rincón de la casa ni estuvo alejada de lo que pasaba en ella.


El médico de cabecera me decía que hasta que yo no deje de darles motivos para vivir, ella seguiría viviendo.... y así fué.

Cuando mi salud no resistía más, y los cuidados contínuos ya no se le podían otorgar en casa, la trasladamos al mejor geriátrico y cerca de casa... a las pocas horas falleció.


Pero mis hijos me agradecen enormemente lo que ellos pudieron vivir, con la abuela en casa.

Me dicen ya hombres: "Mami... viste que ahora nadie habla de sus abuelos? Hasta eso se ha perdido..."


A mi me entristece ver el desfile de las cenicientas de fin de año, o mejor dicho de una fiesta en el año. Llegan contentas e ilusionadas y luego con suma tristeza son devueltas al Geriátrico.

Pena grande!


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